Nombrar para proteger mejor la naturaleza: El compromiso de Lagoped
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Tiempo de lectura 4 min
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La naturaleza no es un terreno de juego ni un decorado fijo para nuestras aventuras. Es una inmensa aula donde cada observación es una lección. Como explicaba Doug Peacock, naturalista y escritor estadounidense, observar a los animales sin molestarlos, con atención y respeto, es una forma de aprender del mundo salvaje. Esta capacidad de nombrar y reconocer cada elemento de la naturaleza juega un papel central en nuestra comprensión y respeto por el medio ambiente.
Doug Peacock, naturalista y escritor estadounidense, destaca en Itinéraire d’un écoguerrier que la naturaleza es ante todo un inmenso aula. Invita a aprender de los animales salvajes mediante la observación atenta, sin nunca molestarlos en sus actividades. Según él, «El mundo solo tiene la vastedad que nosotros le concedemos.» Para comprender realmente los lugares y las criaturas salvajes, hay que saber escuchar, estar presente. Peacock recuerda lo difícil que es mantener esta atención, especialmente en grupo, donde la dinámica social puede vaciar la curiosidad y la atención, que son vitales para captar la riqueza de lo vivo.
Joëlle Zask, filósofa francesa, desarrolla en Se tenir quelque part sur Terre la idea de que la observación de la naturaleza pasa por la capacidad de nombrar y distinguir. Explica que esta facultad está ligada al aprendizaje del lenguaje, que permite estructurar nuestra percepción del mundo. Sin un vocabulario rico, se vuelve difícil notar la variedad de realidades que nos rodean. La incapacidad para nombrar limita nuestra comprensión y, por extensión, nuestro poder de actuar: «Por falta de palabras y nociones para notar y expresar la variedad de realidades y sus singularidades, estamos condenados a quedarnos en la superficie de las cosas.»
En Le Détail du monde, Romain Bertrand amplía esta reflexión mostrando que nuestra pérdida de vocabulario específico, especialmente para designar la naturaleza, va acompañada de una forma creciente de distracción. Según él, «No es que el mundo esté mudo, sino que hemos olvidado su idioma.» Las palabras para describir las cosas más simples – el borde de un bosque, un insecto familiar – tienden a desaparecer, provocando una desconexión progresiva con nuestro entorno. La riqueza del lenguaje permite no solo afinar nuestra percepción, sino también multiplicar nuestras interacciones con lo vivo.
Finalmente, en su homenaje a Jean Dorst, ornitólogo francés y autor del manifiesto Antes de que la naturaleza muera, Yves Coppens, paleontólogo, recuerda la importancia de conocer la naturaleza para protegerla mejor. Estudiar los mecanismos de la vida no es suficiente, también hay que aprender a apreciar su belleza. Como señalaba Dorst: « La naturaleza solo será salvada finalmente por nuestro corazón. » Este conocimiento sensible, emocional tanto como científico, sigue siendo esencial para preservar lo que nos rodea. Sin palabras, es imposible distinguir las diferentes especies de escarabajos, apreciar la sutileza de un élitro o identificar los ocelos de una mariposa. El mundo mudo es un mundo olvidado.
El lagópodo alpino, ave emblemática de las montañas, inspiró nuestra marca. Pequeño galliforme del tamaño de una perdiz, habita las cumbres del hemisferio norte. Esta ave sobrevivió a los últimos grandes cambios climáticos hace 10,000 años, se dice de ella que es una reliquia glacial. Se ha adaptado a condiciones extremas y cambia el color de su plumaje según las estaciones, pasando del blanco invernal al marrón estival para camuflarse en su entorno. Así, se ha convertido en un símbolo de resiliencia y discreción, y encarna valores queridos por Lagoped: frugalidad y adaptación, tomando solo lo necesario de la naturaleza.
Nuestra ropa rinde homenaje a este animal a través de diferentes traducciones de su nombre:
KIIRUNA : Lagópodo en finlandés
MESDALG : Lagópodo en coreano (멧닭)
NAGALAKA : Lagópodo en inuit
PARTMIGAN : Lagópodo en inglés
PERDIZ : Perdiz en español
PERNICE : Perdiz en italiano
RAICHO : Lagópodo en japonés (ライチョウ)
RYPA : Lagópodo en sueco y noruego (ripa o rype)
TAPAKILA : Perdiz en malgache
Más allá del lagópodo, la marca celebra otras especies fascinantes, a menudo poco conocidas, notables por sus comportamientos y características, y su capacidad de adaptación:
BUBO : El búho real de Europa (Bubo bubo), el ave rapaz nocturna más grande del mundo
CARCAJOU: También llamado glotón (Gulo gulo), este depredador de las tundras árticas es famoso por su voracidad y fuerza.
DOHLE: El grajo común (Coloeus monedula), ave sociable a menudo vista en vuelo acrobático, lleva este nombre en alemán.
GELINOTTE: La perdiz nival (Tetrastes bonasia), discreta y típica de los sotobosques de altitud o de los bosques fríos.
HARFANG: El búho nival (Bubo scandiacus), majestuoso búho blanco emblemático de Quebec.
PIKA: (Ochotona princeps) Pequeño mamífero herbívoro de las montañas de Asia y América, famoso por sus gritos agudos y sus reservas de hierba.
ROKA: Significa zorro (Vulpes vulpes) en húngaro, un homenaje al astuto depredador de los bosques y montañas.
SKAGGGAM: El quebrantahuesos (Gypaetus barbatus) en sueco, un buitre emblemático de los Alpes, conocido por romper huesos para alimentarse.
TENGMALM: El autillo de Tengmalm (Aegolius funereus), raro y protegido, habitante silencioso de los bosques boreales.
TETRAS: El urogallo (Tetrao urogallus), un gran galliforme que vive en los bosques de coníferas del norte y las montañas europeas.
A través de nuestra ropa, deseamos no solo vestir a quienes exploran la naturaleza, sino también contar la historia de estas especies y despertar la conciencia sobre su protección.
Aprender a nombrar los elementos de la naturaleza es reconectar con un saber esencial. Cada palabra, cada nombre es una puerta abierta hacia una mejor comprensión del mundo salvaje. En Lagoped, creemos que conocer es amar, y amar es proteger.