En las laderas de La Grave

El día amanece en Chazelet.
Bajo la lona del campamento, Pilou entreabre los ojos: la Meije se alza, ya iluminada por los primeros rayos. El aire es fresco, las cumbres vigilan, y el día promete ser largo, hermoso e impredecible.

Aquí, la bicicleta no es un rendimiento: es un viaje. Cada aliento, cada piedra, cada sombra participa en el recorrido. Y La Meije, majestuosa, acompaña el regreso como un faro sobre el valle.